Circula por ahí una parábola o cuento que mas o menos dice así.

Hace ya mucho tiempo en un pueblo de las montañas empezó a diluviar de tal manera que los habitantes iniciaron la huida viendo el cariz que tomaban los acontecimientos. Pedro el sacerdote no quería abandonar su Iglesia y permanecía en ella cuando vino una barca con gente del pueblo.

-Pedro, sube que no vamos. ¡El agua ya cubre los bajos!
-No. Confío en Dios y el me salvará. Dijo Pedro con convencimiento.

La lluvia no cesaba y el agua llegaba hasta los primeros pisos. Pedro seguía en la Iglesia cuando pasó otra barca repleta de vecinos.

-¡Pedro sube sino morirás!.
-¡No! Confío en Dios. Él me salvará.

Finalmente el agua llegó hasta los tejados y Pedro permanecía en el tejado del campanario cuando pasó la que sería la última barca con gente del pueblo.

-Pedro, Pedro, sube que somos los últimos, sino te ahogarás,
-¡No! . Dios no me abandonará, él me salvará.

Y Pedro murió. Enfadadísimo, cuando subió al cielo y se encontró frente al Supremo Ser le pregunto porque le abandonó.

Dios contestó:

-Pero, ¡si te envié tres barcas!.

Tal vez, lo difícil es detectar las oportunidades mas que tenerlas.