Lo quiero todo y lo quiero ahora. Este es pensamiento actual de nuestro tiempo. No se valora para nada el esfuerzo de conseguir un objeto, ni siquiera se valoran. Todo es comprar y tirar (ya ni siquiera usar). Hoy podemos comprar objetos, juguetes, regalos, que hace tiempo valían mucho dinero y ahora no valen nada. Entras en una tienda de todo a 100, y por 10 euros tienes un ejército de coches de juguetes. Los objetos no valen nada. Un bolígrafo, un lápiz, una goma, folios, ¡nada!, un peine, unas pinzas, ¡nada!. No damos importancia a los objetos. Nuestro objetivo es el consumo por el consumo.
Fuimos inteligentes por utilizar herramientas para alcanzar objetivos , cazar, recolectar, luchar etc.. Éramos nosotros y nuestro instrumento. El objeto tenía entonces un estatus casi religioso y/o mágico. Para el cazador su lanza era sagrada, pero no solo su lanza, sino todos y cada uno de los objetos que componían su vida. Recuerdo en mi infancia mi casa en la que prácticamente podía enumerar todos los objetos que estaban y que habían estado. Perder uno era perder parte nuestra. Imaginar eso ahora, contar cada uno de los objetos que han pasado y están en vuestra cada durante un mes es una tarea imposible. El objeto ha caído en desuso, no es nada (nadie ya no lo era). Ha perdido su valor, porque podemos conseguirlo sin ningún esfuerzo o nos hacen creer que debemos conseguirlo en el momento y sin esfuerzo. Esta inmediatez destruye la ilusión y sin ella estamos perdidos sin rumbo vital alguno.

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